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CRITICAS:



LUNA TEATRAL

Con algunos de los procedimientos del café concert (la disposición del espacio, la fuerza del color, la composición de personaje, la música, el humor, el diálogo con el público) y el seudo diálogo discursivo del stand up, Mariel Rosciano consigue desde la risa el planteo de temáticas asociadas a las mujeres de 30 que buscan una identidad propia en una sociedad bombardeada por el “deber ser”, de múltiples maneras; desde las revistas de moda hasta la imagen estereotipada de las muñecas, las de la niñez y las que aparecen desde el medio en la pasarela o la televisión. La emancipación femenina produce parece decirnos la autora/actriz y directora un falsa imagen de nosotras mismas; hemos alcanzado algunos logros importantes, pero sin embargo seguimos como las princesas de los cuentos presas de una subjetividad enamorada de la dependencia afectiva, aunque ésta se refleje en la necesidad de una terapeuta que nos contenga, aún desde el silencio. El personaje construido como una Barbie camp, va develando los puntos débiles y oscuros de una identidad que se edifica en la mirada del otro, el hombre, y de las otras, el resto de las mujeres que se convierten en la lucha por la supervivencia emocional no en compañeras o hermanas de ruta, sino en potenciales enemigas; adversarias con quien combatir en espejo la propia frustración. La impronta de un cuerpo siempre joven y elástico, de un espacio propio, de llevar al mismo tiempo adelante el proceso de la soledad que las amenaza por querer ser ellas mismas, se va desgranando a lo largo de 50 minutos que mantienen la tensión con mínimos recursos escénicos, y una buena interpretación. Ser niña /mujer, la dupla sexo /amor, el paso del tiempo como una espada que literalmente puede cortar sueños y deseos, y el hombre como centro, como objeto, ante el cual el personaje inicia caminos para perderlos y retornarlos sin punto de solución, son algunos de los tópicos que toma el relato, narración de la propia historia mínima. En el reducido espacio escénico del Terraza Teatro Bar la escenografía y el vestuario crean el clima necesariamente femenino. Si el color rosa es código de "feminidad", el rosa en algunos pocos elementos de la puesta es un color saturado, brillante y nuevo, lo cual produce un fuerte efecto plástico. El vestido negro de la protagonista ocasiona cierta tensión visual, quizá la tensión entre el mundo femenino y el marco de referencia generalizado, obviamente masculino. Mara desde el ámbito de lo privado desarrolla su discurso, teniendo en cuenta tanto su límite interno como el límite externo: la cotidianeidad, las fantasías, los miedos,… La protagonista a través del poder gestual de su corporalidad exageradamente femenina va cruzando distintas perspectivas: el cuerpo femenino como mercancía de nuestra sociedad de consumo, también el cuerpo como productor de sentidos y como el lugar donde la sociedad ejerce su control. Mara desea llegar a ser “anarquista de la vida”, quien con mucho humor nos hace pensar a cada espectadora que el mundo femenino no se debe construir a partir de la mirada de los otros, sino que cada mujer es su propio cuerpo. De tal forma el espacio lúdico que va creando la actriz no es estático sino todo lo contrario, el ritmo es vertiginoso y zigzagueante, porque es el ritmo de una mujer de 30 años que busca desesperadamente encontrarse, a pesar de que su psicóloga llegó tarde a la cita.


MECHE MARTINEZ

Ser una mujer desesperada con 30 años, ya es un insulto a quienes pasan otras décadas, pero buen, es la experiencia y la historia que quiso contar con idea propia la actriz Mariel Rosciano, y vamos a respetarla. Y se la respeta por el detallado y prolijo contenido y el estudio contemporáneo que ha hecho esta joven actriz, que con el máximo humor, expone todas las vicisitudes que transita ella (personaje) y muchas de las asistentes, que cuál público identificado, y a pura empatía, ríe y aplaude en la hora que dura la pieza teatral. Aquí cuenta con total desparpajo y sin limitar la palabra, el transitar por la soledad, el fracaso, el amor, el no amor y las desilusiones de una joven a esa edad.

El aviso “Mujer de 30 desesperada busca”, cual publicación gráfica, abre un abanico de posibilidades que va desde irritarse a tal vez agradecer estar sola, ya que la crudeza de la realidad, hacen a la humorada, y al espejo que intenta empatizar, a veces un espejo que apena.

En un virtuosismo sin igual Mariel Rosciano puede emocionar hasta las lágrimas en “En el nombre de Raquel” o divertirnos hasta lo profundo como en esta propuesta. ¡A reír con ganas! (Meche Martínez)


ESPECTACULOS ALAMOD (María Inés Senabre)

Muy buena. Para reírse con ganas, y no es sólo para mujeres, las parejas se divierten mucho y aprenden a reírse de las locuras femeninas. Casi una catarsis. Y los chicos la ligan un poco también, catarsis para las chicas. Y que ….cómo son las amigas, y que…. para qué me voy a complicar con una pareja.
Las mujeres tenemos la prisa como forma de ritmo, siempre algo nos apura, desde conseguir un novio hasta la edad ovárica, desde la carrera a la silueta. Todo tiene un tiempo, como la moda que se gasta rápidamente. Decía un sabio abad que estar desesperado es buscar esperanza con urgencia. Algo que esperar de la vida o como respuesta a nuestros intentos.

En ese momento el personaje escrito e interpretado por Mariel Rosciano está en búsqueda de su esperanza y la busca casi en cualquier lado. La obra la coloca en una primera sesión psi, en la que, sin poder parar y sin esperar respuesta ni pregunta desembucha todo lo que piensa y siente, toda su vida. Una ácida mirada que plantea el profundo vacío del discurso materialista cotidiano.

Una escenografía simple, pero muy efectiva. Yo creo que entra e inmediatamente todos se la imaginan sentándose en el pequeño sillón inflable para niñas. El vestuario no se los cuento, tiene que verlo.


SHOW ONLINE (Juan Carlos Washington Felice Astorga)


En pleno desarrollo de una sesión terapeútica, una mujer de 30 años entiende desesperadamente por qué ha terminado tomando un tratamiento con alguien que ni siquiera le habla; por ello expresa con todo su bronca que “…el mercado complota para que seamos neuróticas. El mercado me obliga a ser de una manera que no quiero ser...” He aquí el núcleo de la obra.

La cartera rosa, la ropa interior rosa, la silla rosa, el sillón rosa y la luz rosa son elementos que construyen un clima extremadamente femenino y simpático. La mujer genera mucha empatía desde el comienzo. Al principio, una Voz en Off a modo de teléfono, anticipa lo altercados que ella vivenció antes de la sesión. Cuando aparece, el vestuario se nos presenta de manera muy interesante, se trata de un vestido negro que resalta enormemente sus condiciones físicas. La mujer de 30 es atractiva y sensualmente divertida. Muy particular y distinta. Tiene que ser distinta porque todas las mujeres lo son, ella dice “…si las mujeres fuesen todas iguales se nos acabaría el tema de conversación…”. No obstante, se pregunta “…Cómo nos ven las otras?...”. Muy difícil. La mujer de 30 es una mujer inatrapable. Muy difícil detectar qué le pasa. Sobre todo para mí que soy hombre. Por lo pronto comparto que es muy acertada la situación teatral, ella en una sesión con una terapeuta que no le contesta nada a lo largo de la obra. La ansiedad se manifiesta en el habla que deviene en desesperación.
Cuenta sobre su separación “…me levanté y me fui a la mierda…”. A punto de cumplir 30 años. Adicta a los hombres y los cuentos con mensajes subliminales. El sueldo se lo gasta en gimnasio, spas y dietas. No puede estar sola. Se deprime, parece morir pero de golpe se renueva y dice “…voy a encontrar al hombre de mi vida…”, luego vuelve a caer diciendo “…no voy a poder, siempre me pasa lo mismo…”. Sin embargo, sabe pensar la convivencia, que para ella significa, lidiar con los tiempos del otro. Vivir con el otro -nos cuenta- implica tener cero sexo. Por ello se buscó un amante y eso fue para “quilombo” y agrega “…es mentira que solamente podemos coger aunque hay algunas veces que sí…”. De golpe descubre lo que le pasa “…yo estoy buscando llenar un vacío existencial aunque no sé bien qué es eso…”. Detectando su tragedia, le empieza a ir bien en el laburo pero como mujer… estaba desesperada. Por eso decide experimentar con juguetes del sex shop y descubre que, entre otras cosas, “…la lencería erótica es para nosotras, te hacés el amor a vos y después… a ellos…”.
Con todas estas reflexiones, da a la luz una nueva manera de hacer terapia. . Con la frente en alto y más renovada que nunca decide volverse anarquista de la vida, sin pensar lo que los otros digan sobre ella. Con muchas ganas de ser “mujer, puta e hija”. Parece que se ha curado pero ocurre lo peor. Ella tiene un problema. No sabe quedarse callada. Cuando lo hace, escucha voces que le dicen qué hacer. A esta pobre mujer, que intenta dilucidar un poco como sobrevivir a los 30, nada le es facil en la vida... ni en la terapia, cuando al fin pudo comenzar desnudar su alma, un imprevisto puede cambiarlo todo.

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